A través de este blog daremos a conocer los avances en la investigación genealógica sobre nuestra historia familiar. Es una continuación del sitio web BISABUELOS. Iremos incluyendo información sobre nuevos hallazgos en los apellidos, linajes, y lugares de procedencia de nuestros antepasados. Comenzamos pues una nueva etapa, alentada por el premió que HISPAGEN ha concedido recientemente a bisabuelos.com reconociéndolo como el mejor sitio de genealogía durante el año 2011.

lunes, 16 de enero de 2012

Introducción al Blog

Juan Bernardo Domínguez y Gálvez
     Aunque ya en el año 2007 tuvimos la idea de iniciar un blog para incluir en él algunos articulos interesantes sobre genealogía e historia, lo cierto es que el proyecto quedó en espera de una mejor oportunidad.

     Ahora, cinco años después, nos hemos decidido a poner en práctica esa vieja idea, pero variando un poco su objetivo. Lo que haremos a partir de este enero del año 2012, es utilizar este blog para ir dando a conocer los nuevos hallazgos en nuestas investigaciones, además de aprovecharlo para redactar algunos artículos nuestros o reproducir los de otros autores que puedan ser de interés para nuestros lectores.

     En noviembre pasado, BISABUELOS recibió el premio Milagros Llorens 2011, concedido al mejor sitio wed individual de contenido genealógico. Esta distinción nos honra grandemente, y también -onus et honor- nos obliga a tratar de aumentar la calidad de nuestra página de genealogía.

     El retrato que aparece en esta primera entrada del blog es el de nuestro tatarabuelo Juan Bernardo Domínguez y Gálvez (1783-1847). El estudio de su biografía, que antes del año 1998 permanecía prácticamente desconocida para la gran mayoría de sus descendientes, fue como la chispa que nos introdujo en el maravilloso mundo de la genalogía familiar. En diciembre de 1999 pudimos publicar su vida con el título: De la Luisiana a la Nueva España; obra que quería destacar la importancia que tuvo en su vida, y también en la de sus descendientes, el evento ocurrido en octubre de 1813: su destino, desde del Regimiento de Infantería Fijo de la Luisiana, al Ejército de la Nueva España.

     Después de pasar, en distintos regimientos, más de siete  
María Ignacia Quintanar. Oleo sobre tela de Areola Juárez, 1967. Hacer Click para aumentar el tamaño de la imagen.
María Ignacia Quintanar
años, participo, junto Don Agustín de Iturbide, en la toma de la Ciudad de México por el Ejército Trigarante y, por lo tanto, en la consumación de la Independencia de México.

     A partir del estudio de su biografía, nos adentramos también en la impresionante aventura de conocer los antepasados novohispanos de su mujer, Doña Ignacia de Quintanar, sobrina del Mariscal de Campo y más tarde Presidente de la República, Don Luis de Quintanar. Llegar a conocer los orígenes novohispanos y peninsulares de esta rama, en el siglo XVI, fue un verdadero gozo.

     Una vez explorados los antecedentes familiares de nuestra bisabuela Doña Paz Domínguez Quintanar (1838-1998), décima hija de Juan Bernardo e Ignacia, nos metimos a fondo en la tarea conocer el origen familiar de su esposo, el bilbaino Don Cándido Madaleno Gasteasoro, revisando multitud de partidas sacramentales del País Vasco.

     Fue entonces cuando pensamos en el proyecto de proseguir la investigación de nuestros otros seis bisabuelos: un Comandante de Infantería en el Ejército Isabelino (Leandro Cano Gracia), una mujer cántabra que murió muy joven (Manuela Ruiz Escajadillo), un maestro de segunda enseñanza radicado en Valladolid pero de origen flamenco (Fidel Faro Arche), su mujer, cántabra de pura cepa (Luisa de la Vega Cobo) y dos oriundos y con raíces profundas en el Concejo de Llanes, Asturias (Joaquín Sordo Pérez y Ángela Mijares Merodio).

     La tarea ha sido ardua, pero muy fructífera. Nos ha llevado a épocas y lugares remotos que alcanzan la genealogía medieval, tan misteriosa y apasionante.

     Ahora, en enero de 2012, se puede decir que hemos abarcado casi todo el amplio espectro de las posibilidades básicas de investigación familiar, después de quince años de estudio lleno de satisfacciones. Es verdad que nunca se puede dar por terminado el empeño por descubrir nuevas vetas de conocimiento, en este amplio campo. Pero también hay que reconocer que, lo que podamos recoger de ahora en adelante, será a costa de un esfuerzo adicional y extraordinario.

     No obstante, el reto se presenta nuevamente alentador. Si Dios nos da salud y tiempo, no faltará el interés por seguir esta noble tarea de penetrar más y más en las raíces de nuestra historia familiar.